LAS FUERZAS SAGRADAS DEL
UNIVERSO MAYA MERCEDES DE LA GARZA

LOS DIOSES

Aquellos a quienes podemos llamar dioses en la religión maya son la representación de seres sobrenaturales formados por trazos muy estilizados de diversos animales y de elementos vegetales que se combinan a veces con formas humanas. Para ver el significado de estos seres fantásticos, podemos referirnos a las figuras similares contenidas en los códices antiguos que pertenecen al período Postclásico, y a los textos coloniales españoles e indígenas; estos describen el carácter y las manifestaciones de los seres sagrados, y dan sus nombres, cuyos significados nos permiten profundizar las características. 

De fuente escrita sabemos que los dioses fueron concebidos por los Mayas como energías invisibles e impalpables que se manifiestan a través de diversos seres de la naturaleza; los astros, la lluvia, el relámpago; los animales poderosos como la serpiente, el jaguar, los pájaros, los murciélagos; los vegetales como el maíz, las plantas y los hongos alucinógenos; los minerales como el cuarzo. Igualmente los espíritus de los hombres superiores eran deificados al morir. 

Además de estos seres naturales, las manifestaciones de los dioses, a través de sus representaciones hechas por los hombres, encarnaban muy frecuentemente, durante los ritos, las energías sagradas, para recibir las ofrendas de los hombres. 

Entre los autores del siglo XVI, Fray Diego de Landa nos confirma el carácter etéreo de los dioses, cuando dice: 

"Ellos sabían bien que los ídolos eran sus propias obras, muertas y sin divinidad, pero los consideraban con reverencia por lo que representaban, y por que los habían creado con muchas ceremonias, especialmente las del bastón."

Los dioses mayas son superiores a los hombres y capaces de crear, pero tienen otra característica, son concebidos como seres imperfectos que nacen y mueren y deben ser alimentados para sobrevivir. Esta idea está claramente expresada en los mitos cosmogónicos, en los ritos y las inscripciones jeroglíficas del período Clásico, como la de Palenque, donde está registrado el nacimiento de ciertos dioses, según las interpretaciones epigráficas.

Cada uno de los seres sagrados aparece bajo formas diversas y múltiples nombres, de acuerdo con sus atribuciones y, sobre todo, con la temporalidad. Para el Maya no existe ser estático, todo está en perpetuo movimiento y cambio. Así, los dioses, y con ellos su influencia, son diferentes en cada período. Por ello, el mismo dios puede ser celeste o terrestre, benéfico o maléfico, masculino o femenino, energía de vida o energía de muerte. De hecho los dioses pueden ser uno o varios a la vez; se multiplicaron en cuatro cuando abrazaron los cuatro lugares del cosmos, en trece para la divinidad del cielo llamada en Yucatán Oxlahuntikú, "Decimotercera divinidad", y en nueve para la divinidad del inframundo, Bolontikú, "Novena divinidad". 

Esto llevó a representaciones plásticas muy diversas de cada uno de ellos, en estilos artísticos diferentes propios de cada región, lo que hizo muy difícil el estudio de los dioses mayas. A pesar de todo se puede identificar las divinidades por ciertos elementos simbólicos constantes en toda el área maya y en todas las épocas. 

Subrayaremos aquí, sintetizando sus trazos esenciales, las principales divinidades de los Mayas clásicos, identificadas por sus nombres quichés y mayas del Yucatán sacados de fuentes escritas, así como por las letras (alfabéticas) que se les ha atribuido a partir de la clasificación, establecida por Schellas, de los dioses citados en los códices.

Los dioses del Postclásico citados en los escritos coloniales nos permiten identificar y conocer mejor los del Clásico, pues aunque su representación sea diferente, conservan los mismos elementos simbólicos. Es por lo que hemos elegido utilizar esos nombres. 

A partir de diferentes investigaciones sobre los Mayas, se han dado diversas interpretaciones sobre los dioses mayas. Muchas de éstas coinciden, otras no. Hemos elegido aquellas que se apoyan en el análisis comparativo de diferentes fuentes escritas; y entre los escritos indígenas hemos tenido en cuenta, no solamente el Popol Vuh de los Quichés, sino también otros textos en esta lengua, textos cakchiqueles, versión española de textos escritos originalmente en una lengua maya, y de fuentes mayas de Yucatán como los libros del Chilam Balam

El Dragón 

En la mayor parte de las figuras clásicas de las divinidades encontramos a la serpiente, y las representaciones de las serpientes estilizadas predominan en el arte maya, lo que prueba que el ofidio fue un símbolo esencial de lo sagrado. Un análisis del significado simbólico de la serpiente entre los Mayas nos ha permitido comprender que, ya sea transformada en dragón, ya sea enriquecida con elementos de otros animales poderosos, simboliza un poder sagrado universal, fuerza vital, principio generador del universo, ligado al sol, al agua, a la tierra, a la sangre, a la semilla y al maíz, elementos que se presentan bajo diferentes formas de divinidades o manifestaciones del principio sagrado supremo. 

El dragón es principalmente la combinación del pájaro y de la serpiente; los Mayas han creado un pájaro y una serpiente excepcionales: el quetzal (k’uk’ en maya del Yucatán, kekchí, tzeltal, en otras lenguas; guc en quiché y cakchiquel), y el crótalo (ahau can, tzabcan, zochch y cumatz), a los cuales han atribuido los rasgos y las cualidades de otros animales sagrados, como el jaguar, el lagarto, el cocodrilo y el ciervo, para crear el dragón símbolo supremo de lo sagrado. 
Así, el dragón integra la fuerza vital de la tierra (serpiente y ciervo), el útero de la tierra madre, o el inframundo (jaguar), las aguas (lagarto y cocodrilo), y el cielo (pájaro). 

El dragón es así un ser múltiple y polivalente; es la figura sagrada por excelencia en las obras plásticas mayas del período Clásico; gracias a ciertas descripciones de divinidades en los textos coloniales que concuerdan con los elementos simbólicos de las obras plásticas, así como con las ilustraciones de los códices antiguos, conocemos los nombres que le dieron los Mayas de Yucatán: Itzamná, "El dragón", en su aspecto celeste; Itzám Cab Ain, "Dragón cocodrilo terrestre" o Chac Mumul Ain, "Gran cocodrilo fangoso", en su aspecto terrestre e infraterrestre. Se le llama Canhel, "Dragón", en su función de divinidad creadora en los mitos cosmogónicos, correspondiendo al Gucumatz "Serpiente-quetzal", del Popol Vuh de los Quichés. 

Otras divinidades aparecen bajo aspectos o derivaciones del dragón, por su carácter de serpiente y su vínculo estrecho con él: Chicchan, dios H, "Serpiente mordedora", símbolo del cielo nocturno, Kinich Ahau, dios G, "Señor del ojo solar", Chaac, dios B, dios del agua, y Bolón Dz’acab, dios K, "Nueve generaciones", que simboliza los aspectos humanos de la fertilidad sagrada, como la sangre y el semen, y que está ligado al maíz. 

El dragón celeste: Itzamná, dios D 

El dragón celeste resulta principalmente de la combinación de atributos de la serpiente y del pájaro. Representado bajo forma de dragón bicéfalo, serpiente con plumas, serpiente alada y pájaro-serpiente, el dragón celeste aparece en todas las obras plásticas de todas las regiones del área maya, durante todo el período prehispánico.


altares mayas de Copán

12. Arriba: altares G1 (800 d.C.) y G2 (795 d.C.) de Copán que representan al dragón celeste (dib. C. Ontiveros). Abajo: altar O de Copán, imagen del dragón celeste y de la serpiente emplumada, contemporáneo de los altares G. Clásico Tardío (dib. G. Bustos, basado en Maudslay, 1974).

Encontramos al dragón bicéfalo en los altares G y en el altar O de Copán (fig. 12); en estas obras, el cuerpo de la serpiente con plumas está esquematizado y lleva los símbolos del agua; tiene patas de lagarto o garras de jaguar; de las fauces abiertas de sus dos cabezas de serpiente emergen figuras antropomórficas de dioses. En el altar O vemos dos representaciones: por un lado el dragón bicéfalo con garras de jaguar y por el otro, la serpiente con plumas con la misma cabeza que la del dragón, lo que prueba que se trata de la misma divinidad. Igualmente, en Chacchoben, Quintana Roo, se ha encontrado una cerámica en forma de dragón bicéfalo, Itzamná, con rasgos humanos saliendo de las fauces del dragón.42 
En Yaxchilán, Palenque, Piedras Negras, Tikal, Copán y Uxmal, el dragón está representado como una serpiente con plumas, lo más a menudo bicéfala, con cabezas muy estilizadas, fauces abiertas, como en el dintel 3 del Templo IV de Tikal (fig. 80), en la estela D de Copán (figs. 11 y 13), en las piedras del Templo de la Cruz (fig. a) y del Templo de las Inscripciones de Palenque (fig. b). 

Estela D de Copán

11. Vista lateral de la estela D de Copán. Clásico Tardío (dib. de C. Ontiveros basado en Robicsek, Copán home of the Mayan Gods, New York 1972). 

Estela D de Copán. Serpiente bicéfala.

13. Estela D de Copán, donde vemos al gobernante y sobre él a una serpiente bicéfala. Clásico Tardío (dib. de C. Ontiveros, basado en Robicsek, 1972).

Hemos encontrado también dragones alados, como los que aparecen sobre los peinados del gobernador Pacal y de su esposa Ahpo Hel en el panel de las Esclavas y en una greca en estuco del Palacio de Palenque (fig. 77).

Relieve Palacio de Palenque14. Relieve de estuco de la casa E del Palacio de Palenque, que representa al dragón celeste y al pájaro-serpiente. Clásico Tardío (dib. M. Aguirre, basado en Maudslay, 1974). 

Toniná, pájaro-serpiente.

15. Pájaro-serpiente del panel de estuco de Toniná, Chiapas. 790-840 d.C. Clásico Tardío (dib. M. Aguirre). 

Dragones alados.


16. Dragones alados, Arriba: detalle de un tocado del Tablero de los Esclavos. Abajo: greca de estuco de la casa B del Palacio de Palenque. Clásico Tardío (de Hellmuth, Monster und Menschen in der Maya-Kunst..., Graz, Austria 1987).

 Traducción: Miguel A. Aguirre